El Congreso Anual de Vocales y Consonantes se desarrollaba con tranquilidad, cuando
—Te escuchamos —le dijo
— ¡Estoy harta de ser silenciosa! ¡Quiero sonar!
El alboroto alfabético que se armó fue tremendo.
—Y... sí, todas tienen sonido. Yo, nada. Chicas, aparezco en palabras tan importantes como "hijo", "hogar" e incluso "hablar", pero la gente ni me pronuncia y son pocos los que se acuerdan de mí y me utilizan al escribir. ¡Exijo mi derecho a sonar! Aunque sea parecido a otra letra.
— ¿Y yo qué? Sueno a U o a V. Si estaré en treinta palabras es mucho. Y no me quejo —le replicó
—No sabes el dilema que es compartir un sonido con otras —dijo
—A mí me pasa lo mismo. Encima somos víctimas de los horrores de ortografía —agregó
destino con
— ¡Yo, en minúscula, tengo punto como
—Tienes dos patas y dos brazos. Yo no puedo decir lo mismo —le gritó
la Ñ, que además tenía sombrerito.
—No me importa. Necesito un sonido que me dé personalidad. Dependo del lápiz o la lapicera y eso no es vida. ¿A quién le gusta depender de otro?
El resto del abecedario se miró. Algo de razón tenía.
— ¿Qué sonido se te ocurre, querida?
—No sé, me gusta el de
—Ah, no, yo no cedo nada —se excusó
—También me gusta el de
— ¿La alta o la pequeña?
—La de "vaca" —respondió
—Te entendemos, pero ninguna puede cederte su sonido. Se me ocurre que tendrás que salir a buscarte uno propio
—sugirió
A
—Eso, tienes un año, hasta el próximo congreso, para encontrar un sonido para sonar.
Todas estuvieron de acuerdo.
Se le ocurrió que el viento podría prestarle alguno de sus tantos sonidos. Con bufanda, guantecitos y pasamontañas viajó al Polo Sur, donde el viento tiene su residencia de invierno. Luego de explicarle, el tío le dijo que encantado, pero no le convenía:
—Si te cedo algún sonido, en cuanto te pronuncien van a volar sombreros, papeles, hasta techos. La gente evitará usarte.
A
—Cada vez que te usen cundirá el pánico.
A
—Imagínate los tímidos. ¿Y los que desafinan? —le dijo un canario—. ¿Quién va a usar una letra que suena a cacareo de gallina o graznido de cuervo?
Tenía razón. Así como los animales de la selva, el desierto y la montaña. A los del fondo del mar ni los consultó. El fuego, la música, los insectos, hasta las máquinas también lograron convencerla con sus argumentos.
Así, yendo y viniendo, pasó un año.
Al notarla tan decaída, en ese lugar, el silencio hizo lo que nunca: habló.
—Yo me sentiría orgullosa de ser silenciosa. No es un defecto, es una virtud.
—Eso lo dices tú, que no tienes ningún sonido —le respondió
—Que no suenes no quiere decir que no existas —insistió el otro—. El Sol brilla en silencio y a nadie le es indiferente. Las estrellas van y vienen calladitas. ¿Y alguien las olvida? Las flores y las plantas crecen sin conversar. Los artistas crean en silencio, y muchas, muchas veces, es mejor callarse que decir algo. En silencio se piensa, se ama, se madura, se lee. Los colores y los perfumes no necesitan sonar. A nadie mata el silencio. Es más, detrás de mí hay un universo de emociones y sentimientos que se expresan sin decir mu... El silencio es una puerta o una ventana. No es mudo, querida —dijo, y se
calló.
El silencio significa muchas cosas. Tanto como las palabras —concluyó.
Las otras letras protestaron, chillaron, gritaron, pero
Fabián Sevilla
Excelente cuento para poder reflexionar y darnos cuenta que cada persona es diferente y tienen algo que los hace característicamente especial e importante.

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